Nadie te arrebatará de su mano
Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. — Juan 10:28 (RVR1960)
Vivimos en un mundo donde muchas cosas pueden cambiar de un momento a otro. Las personas pueden fallarnos, las circunstancias pueden cambiar y aquello que hoy parece seguro mañana puede dejar de serlo. Pero Jesús nos presenta una seguridad que no depende de las circunstancias: la seguridad de pertenecer a Él.
En Juan 10, Jesús utiliza la imagen del pastor y sus ovejas. Sus ovejas escuchan su voz, lo conocen y lo siguen. En ese contexto declara: «Yo les doy vida eterna». La vida eterna no es algo que podamos producir por nuestras propias fuerzas; es un regalo que recibimos de Cristo.
Después Jesús afirma: «No perecerán jamás». Esta declaración habla de la seguridad que tienen aquellos que verdaderamente pertenecen a Él. Nuestra esperanza no descansa en nuestra capacidad de mantenernos firmes por nosotros mismos, sino en el poder y la fidelidad de nuestro Salvador.
Y entonces encontramos una de las expresiones más consoladoras del pasaje: «Ni nadie las arrebatará de mi mano».
Jesús no promete que nunca enfrentaremos dificultades, tentaciones o momentos de debilidad. Tampoco significa que podemos vivir deliberadamente alejados de Él sin consecuencias. El contexto habla de sus ovejas: aquellos que oyen su voz y le siguen. La promesa es que ningún poder externo puede arrancarlas de la mano de Cristo.
Quizás hoy tienes miedo de perder lo que Dios ha hecho en tu vida. Tal vez estás atravesando una etapa de dudas, luchas o incertidumbre. Recuerda que tu esperanza no está fundamentada en lo fuerte que eres, sino en las manos de Aquel que te sostiene.
No permitas que el temor te haga olvidar quién eres y a quién perteneces. Si has puesto tu confianza en Cristo, puedes descansar en su cuidado. Él te ha dado vida eterna y su mano sigue siendo un lugar seguro.
Hoy, cuando aparezca el temor o la inseguridad, recuerda las palabras de Jesús: «Nadie las arrebatará de mi mano». Escucha su voz, permanece cerca de Él y descansa en su fidelidad.
Oremos.
Señor Jesús, gracias por darme vida eterna y sostenerme en tu mano. Ayúdame a escuchar tu voz, seguirte y descansar en tu fidelidad aun en los momentos difíciles. En el nombre de Jesús, amén...
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